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Casa Bábili


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Escritores: Lutfiya Al-Duleimi  (autora de la novela original)
                  Sara Rojo (dibujante)
                  Javier Carbajo (dibujante)

Irak, cobijo de dos grandes ríos: el Éufrates y el Tigris, ríos que dieron vida a joyitas de civilizaciones antiguas de nombre legendario como: la civilización sumeria o babilónica; país donde localizamos el lugar de origen del invento de la escritura, ese invento que trazará la frontera entre prehistoria e historia; es allí también donde se encuentra la ciudad de Ur, que tan bien conocía Agatha Christie de la mano de su marido el arqueólogo; es la tierra de Abraham, habrá que visitar su santuario; pero es que allí se encuentra ubicada la Torre de Babel; y el Jardín del Edén; y el arca de Noé; y ... podríamos seguir añadiendo imágenes, lugares o personas relevantes a la lista, pero al fin y al cabo, estas cosas no dejan de ser más que lamentos del viajero que ha de tachar un destino del mapa.
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La ridícula idea de no volver a verte

 Escritora: Rosa Montero
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Cuenta la historia que, tras 10 años de matrimonio, Marie Curie de 39 años, inesperadamente enviuda. Su joven marido de 47 años, con el que venía compartiendo su vida y obsesiones científicas tropieza en la calle siendo arrollado por un carro de caballos. Dicen las malas lenguas que ese tropiezo de Pierre Curie, mucho podría tener que ver con un estado de salud ya demasiado fastidiado por los efectos de la radioactividad, algo que ni siquiera Marie Curie admitiría hasta muchos años después. Tal era el apego del científico al hijo descubierto: el radio.

Se dice que el ser humano para ser necesita compartir, que es su necesidad última, porque es así como conectamos con los otros, pero no debe ser tan fácil cuando se está entre la minoría de los #raros, por eso para estos una pérdida así supone un drama añadido por esa sombra de soledad que amenaza con más fuerza.

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La historia de mi hijo

 Escritora: Nadine Gordimer
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Sonny es un negro respetado, el típico hombre que sobresale y que puede influir en los demás. Los de su raza encuentran en Sonny al hombre "que encontraría el modo de sacarles de aquel desconcierto hecho de deudas, ignorancia, promiscuidad e inseguridad".
Ha conseguido salir del embrutecimiento para dedicarse a los números y a las letras, de hecho fue maestro. Se dice que gusta de leer a Shakespeare, a Kafka, a D.H. Lawrence, entre otros. En esa inquietud cultural quiere llevar una vida de provecho y útil, así que junto a su mujer construyen su nidito familiar. No eran "de los que aspiraban a un salón "Granada" ni a un "Versalles". La comprensión de Shakespeare lleva aparejada una cierta liberación de la credibilidad que le convierte a uno en la presa ideal del gran tendero que gobierna el mundo aprovechándose de tus ilusiones".

Pero "aunque Kafka explicaba el contexto de la vida del maestro mejor que Shakespeare, Sonny no iba tan lejos como para creer, como Kafka, que el poder que mantiene esclavizada a la gente emana sólo de la sumisión". Pero eso era en sus tiempos de maestro, antes de que todo lo dejara, para dedicarse a la lucha política. Otro tipo de lecturas se añadirán a su biblioteca: Marx, Lenin, Gandhi, Mandela, o Biko.

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Llanto por la tierra amada

 
Escritor: Alan Paton
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Hace como 13 años estaba yo leyendo el libro de la semana pasada, "El África de Mandela" - de lo más recomendable, por cierto- , en la que su escritor recorriendo Sudáfrica en 1997, nos dice que en cada una de las casas que visitaba siempre se encontraba el mismo libro: “Llanto por la tierra amada” (el libro de hoy).

En su día lo busqué, y no lo encontré, llegando a pensar que no estaba en español. Así que cuando por el reto de Isi de leer en inglés me encontré con este título, me pareció la excusa perfecta para leerlo.

¿Qué decir? pues me ha encantado esta novela “insufrible” como la califica -¡aviso!- el escritor de “El África de Mandela”. Está escrita en esa forma de pensar y actuar heredada de lo mejorcito de las religiones.
Nuestro escritor de hoy, Alan Paton, es un escritor sudafricano influenciado por aquella corriente que hoy se ve casi como si se tratara de un cuento de hadas. Aquella corriente que iniciara Gandhi, y siguieran, entre otros, personajes como Mandela o Martin Luther King. Personajes que entendieron lo bueno de la esencia de la religión para el ser humano y que con su forma de actuar fueron capaces de demostrar en la práctica el funcionamiento de una teoría de herencia religiosa.

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El África de Mandela

 
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Escritor: Juanjo Olasagarre.

1997. Han pasado apenas tres años desde que se pusiera fin al apartheid, y desde que Nelson Mandela -tras casi 30 años en la cárcel- es presidente de La Nueva Sudáfrica .
Y es que hasta hace muy poco y durante casi 50 años, un 10% de la población sudafricana, blanca, mantuvo al restante 90% de la población, de color, en una posición de marginalidad y de exclusión que hace que recuperar la necesaria autovaloración y dignidad no sea nada fácil.

Así que, estamos en 1997, cuando el escritor y profesor Juanjo Olasagarre decide emprender viaje a Sudáfrica y comprobar por sí mismo cuáles fueron las huellas que dejó el apartheid, así como ver cuál es la situación actual de esta Nueva Sudáfrica de Nelson Mandela.

Seis meses duró este recorrido. Nos lleva a las ciudades más relevantes, en las que siempre nos dice: “no consigo acostumbrarme a estas geografías duplicadas consecuencia del apartheid. Siempre la ciudad y su doble: Johannesburgo con Soweto; Ciudad de El Cabo con Guguletu ….. Dos ciudades, dos realidades, dos modos de vida: el de los blancos y el de los negros”.

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Polvo en el neón

  
Escritor: Carlos Castán
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Fotos de: Dominique Leyva

"A partir de cierta edad, el amor tiene naturaleza de pregunta. Sólo en la juventud se presenta como certeza incontestable que desafía al mundo. A la edad de Quinn, el amor es un simple no saber, tener de repente miedo a un tren que se va y las horas que vendrán tras su partida".

"Polvo en el neón" es un relato corto construido para acompañar un trabajo fotográfico que presenta diferentes escenas del submundo de la carretera, de ese lugar habitado por personas siempre en movimiento, de vidas a menudo autodestructivas, si no desgraciadas y de mujeres felpudo que ayudan a pasar el rato; con música de Willy Deville o John Lee Hooker, entre otros; humo de cigarros; cerveza Budweiser que no falte -por algo estamos en EEUU- ; unas pringles; caravanas por viviendas; y esos antros como "El paso" y moteles polvorientos que tan descriptivos quedan anunciados con sus luces de neón, "la luz de los carteles de neón del exterior llegando hasta las sábanas".

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Vida y época de Michael K


 
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Escritor: John M. Coetzee

Sudáfrica, tiempos de guerra, familias en movimiento, forajidos en las montañas, campamentos de refugiados, hospitales que no dan a basto.

Este es el escenario de la novela, que por otra parte aviso que no tiene el foco de la trama en él, que la tiene otra vez en un raro espécimen, diría del tipo Bartleby el escribiente, pero aquí con un nombre muy kafkiano: Michael K, supongo que pudiera ser porque en esta novela también se podría decir que hay cierta transformación en el personaje, como la hubo en el insecto de Kafka (pero esto son cosas mías, ya que esta página es personal).

K es un individuo de unos 30 años, feo físicamente, dócil o débil entre las personas, de poca conversación. No se reconoce entre las personas, se encuentra incómodo, ni siquiera cree saber qué cara poner, y es que para él, la compañía de otras personas, la compañía y ese “beber de sus palabras”, tiene como contrapartida el sometimiento, y la ansiedad del trato.
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2 Episodio Nacional: La corte de Carlos IV

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Escritor: Benito Pérez Galdós.
               (Segundo Episodio Nacional)

En el episodio anterior, Gabriel nos contó el desastre sucedido a nuestra flota naval en 1805, y es que él iba embarcado en el mismísimo Santísima Trinidad para contárnoslo.

En éste nos vamos a 1807. Cosas de gravedad están por pasar, por las calles las personas se paraban preguntándose noticias, y regalándose mutuamente las mentiras de que cada cual era forjador o inocente vehículo”.  

Gabriel es ya todo un adolescente. Casi 17 años tiene. Sigue siendo un criado, sí, pero ahora contratado por una actriz de los teatros de las que se codea con la corte, porque “aquellos nobles buscaban la compañía del pueblo para disfrutar pasajeramente de alguna libertad en las costumbres, aunque sin saberlo, estaban consumando la revolución que tanto temían, pues ya estaban echando las bases de la futura igualdad”. 

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La muerte y la doncella I-V

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Escritora: Elfriede Jelinek

Hacía tiempo que no encontraba un libro tan incomprensible, pudiendo decir que puede resultar incluso a ratos insoportable, pero al mismo tiempo tan adictivo, hasta el punto que al final lo leí dos veces. No digo más.

Empecé a leerlo, saltándome el prólogo, como acostumbro a hacer, algo que ya aviso no se debe hacer aquí, porque en este caso el prólogo resulta una excelente ayuda, casi como una traducción.
Bueno, pues dentro de ese creer no estar comprendiendo nada, aún así no podía dejar de leerlo, había algo casi subliminal que me parecía muy valioso, y que quería comprender, se captaba en el libro la existencia de un mensaje de los que dejan huella. De hecho, Susana Hernández y yo, ahora cuando hablamos, y comentamos tal-y-tal-qué-cosa, si decimos: “Esto es a lo Jelinek” sabemos muy bien de qué estamos hablando.

Decir Jelinek es cuestionar todo el orden social establecido, un orden tan antinatural para la mujer como tan aceptado por ella y de forma inconsciente, al estar basado en una herencia tan arraigada en nuestro subconsciente que nos es casi imposible identificarlo. Permanece así como una fuerza invisible que nos determina.

Jelinek trata de desenmascarar a este pensamiento impostor, que tan poco favor hace a que la mujer pueda llevar una existencia real. Real, sí porque en esto se centra el libro. Para Jelinek, la mujer no ha conseguido SER.
Todos nos encontramos predeterminados, sí, claro, pero mientras al hombre se le ha permitido ser, a la mujer no, y lo que es peor: no lo sabe. Ella existe, sí, pero en función de él.
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El sí de las niñas

 
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Escritor: Leandro Fernández de Moratín.

Estaba yo tranquilamente leyendo el Segundo Episodio Nacional de Benito Pérez Galdós, cuando me encuentro que en gran parte del mismo se hace mucha mención a esta pequeña obra de teatro de Moratín, y es que según cuenta Pérez Galdós, parece ser que fue una de esas obras que creó bandos de partidarios y detractores. Así que a mí que me gusta leer el teatro, mucho más que verlo, me agencié un ejemplar para intentar entender ¡a qué tanto lío! (sic).

Pues bien, estamos en los inicios del siglo XIX, en aquella época en que si nacías mujer podías ser bautizada para tu propia inspiración de una recta vida y de buenos bordados, lecturas de misal, y actividades similares, con nombres como Angustias, Trinidad, Asunción, o Circuncisión. Yo no sé vosotras, pero a mí el nombre de Circuncisión es el que más me hubiera gustado.
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Doctor Zhivago

 
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Escritor: Boris Pasternak

Si oímos “Dr. Zhivago”, nos viene a la mente la novela de una gran historia de amor, que lo es, pero es también y con más importancia, diría, el detalle político y social de una época rusa, hasta tal punto que la encuentro una novela imprescindible si se quiere conocer sobre este período de la Historia. Estamos en los años 1901 a 1929. Son los años de la pre-revolución rusa; de la revolución rusa; y ya de los cambios que esta revolución  produce en los individuos. Son también los años de la IGM. Todo ello nos es contado con detalle, amplitud, reflexión y mucha humanidad.

Yury Zhivago proviene de una clase social alta, que sabe de fiestas y privilegios de casta, pero la suya es además una familia intelectualmente muy activa. De los libros y escritos de sus cercanos se conformará el pensamiento y carácter de Yury Zhivago. Se dice en la novela tratarse de un pensamiento cercano a la filosofía cristiana, que valora la individualidad y la responsabilidad de cada ser humano.