26

La muerte y la doncella I-V

COMPRAR
  
Escritora: Elfriede Jelinek

Hacía tiempo que no encontraba un libro tan incomprensible, pudiendo decir que puede resultar incluso a ratos insoportable, pero al mismo tiempo tan adictivo, hasta el punto que al final lo leí dos veces. No digo más.

Empecé a leerlo, saltándome el prólogo, como acostumbro a hacer, algo que ya aviso no se debe hacer aquí, porque en este caso el prólogo resulta una excelente ayuda, casi como una traducción.
Bueno, pues dentro de ese creer no estar comprendiendo nada, aún así no podía dejar de leerlo, había algo casi subliminal que me parecía muy valioso, y que quería comprender, se captaba en el libro la existencia de un mensaje de los que dejan huella. De hecho, Susana Hernández y yo, ahora cuando hablamos, y comentamos tal-y-tal-qué-cosa, si decimos: “Esto es a lo Jelinek” sabemos muy bien de qué estamos hablando.

Decir Jelinek es cuestionar todo el orden social establecido, un orden tan antinatural para la mujer como tan aceptado por ella y de forma inconsciente, al estar basado en una herencia tan arraigada en nuestro subconsciente que nos es casi imposible identificarlo. Permanece así como una fuerza invisible que nos determina.

Jelinek trata de desenmascarar a este pensamiento impostor, que tan poco favor hace a que la mujer pueda llevar una existencia real. Real, sí porque en esto se centra el libro. Para Jelinek, la mujer no ha conseguido SER.
Todos nos encontramos predeterminados, sí, claro, pero mientras al hombre se le ha permitido ser, a la mujer no, y lo que es peor: no lo sabe. Ella existe, sí, pero en función de él.
41

El sí de las niñas

 
COMPRAR

Escritor: Leandro Fernández de Moratín.

Estaba yo tranquilamente leyendo el Segundo Episodio Nacional de Benito Pérez Galdós, cuando me encuentro que en gran parte del mismo se hace mucha mención a esta pequeña obra de teatro de Moratín, y es que según cuenta Pérez Galdós, parece ser que fue una de esas obras que creó bandos de partidarios y detractores. Así que a mí que me gusta leer el teatro, mucho más que verlo, me agencié un ejemplar para intentar entender ¡a qué tanto lío! (sic).

Pues bien, estamos en los inicios del siglo XIX, en aquella época en que si nacías mujer podías ser bautizada para tu propia inspiración de una recta vida y de buenos bordados, lecturas de misal, y actividades similares, con nombres como Angustias, Trinidad, Asunción, o Circuncisión. Yo no sé vosotras, pero a mí el nombre de Circuncisión es el que más me hubiera gustado.