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¡Ya está bien de filofofía (sic)! -
me dicen por aquí-. ¡No es cosa clara, que todo se complica,
que hay que variar un poco más! - se quejan -.
Bien, bien, estoy de acuerdo, no hay
que abusar y toca relajarse, si no quiere una además que se le seque
el cerebro como a un zombi. Así que me decidí a traer algo mucho
más ligero, aunque aviso que va a ser mucho más inquietante.
Podría haber traído uno de esos
estupendos relatos clásicos de vampiros desinhibidos y que campan a
sus anchas por territorios góticos habitados por ciudadanos
supersticiosos, ¡pero! finalmente me decidí por estos feos
especímenes, los zombis, mucho más reales. Y que no sorprenda esto, porque si
digo que a diferencia de los vampiros estos sí existen no estaría
mintiendo. Ya nos avisaron de su existencia misioneros y viajeros del
siglo XIX. Y para más desasosiego, si del vampiro no tenemos claro su origen, los zombissssss sí se encuentran muy localizados, exactamente en Haití.
“Muertos que trabajan en los campos
de caña”, es en realidad un capítulo de la novela
“La isla mágica” de William Seabrook. Fue escrito tras vivir su
propia experiencia en esta extraña isla donde Africa y el cristianismo se fusionan en exóticos e inquietantes creencias. Es el país del vudú, de ritos que ponen los pelos de punta, en el que además del sacerdote bueno, tenemos al bokor: el brujo "malo". Una fusión de tradiciones y creencias que hace tambalear la razón incluso de la mente del observador más
metódicamente científica. Y no estoy exagerando.
En este relato vamos a ser testigos de la existencia de los zombis, veremos qué hacen y qué se hacen con ellos. Nuestro protagonista, un blanco habituado a
escuchar diferentes leyendas sobre seres sobrenaturales, indagará sobre el fenómeno. Se
sorprende del trato que sus habitantes les dan a sus muertos, los
protegen “bajo sólidas tumbas de obra”. No hablan mucho del asunto. No hacen ni
dicen nada. Tienen miedo, miedo de acabar ellos
mismos convertidos en estos seres sin voluntad, en estos “cadáveres
andantes, de expresión vacua, que miran sin ver como los ojos del
muerto, sin almas ni mentes, incapaces de reconocer a padres,
hermanos, esposas e hijos”, a los que se les ve trabajar como
esclavos en los campos de caña. Pero ¡ojo! “como todo el mundo
sabe, los zombis nunca deben probar ni sal ni carne”. Pasarán
cosas.
NOTAS PERSONALES:
- El vudú es una religión que surge tomando elementos, tradiciones y conocimientos de sustancias de origen africano, así como elementos del cristianismo, como la creencia en un alma independiente del cuerpo. El brujo cree que deja sin voluntad al zombi al extraerle ese alma.
- Parece ser que la zombificación no deja de ser más que una forma de esclavitud. Un medio de lucrarse de la mano de obra. El mismol Código Penal de la República de Haití, dice en su art. 249: “También será considerado como intento de asesinato el empleo en perjuicio de otra persona de sustancias, las cuales, sin ocasionar la muerte real, producen en el sujeto un coma letárgico de duración variable. Si tras la administración de dichas sustancias la persona resultara enterrada, el acto será considerado asesinato, sea cual sea el desenlace final"
- El conocido antropólogo Wade Davis, tras llegar a sus oídos un extraño caso, el de un hombre que en Haití reaparece en forma de zombi después de habérsele dado por muerto y enterrado hacía ya unos cuantos años, decide ir a Haití en busca de una explicación. Parece ser que existe toda una técnica que hace esto posible, mediante el uso de maltratos y ciertas drogas, como la tetradotoxina del pez globo, por ejemplo. Aquí un extracto de Wade Davis explicando esto:




