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Hubo una época en que en la Europa del Este imperaba la superstición del vampirismo, como una explicación a los acontecimientos que no podían explicarse. Se pensaba que eran creencias campesinas antiguas muy arraigadas entre los habitantes de estos pueblos.
El vampiro de este relato es un especimen de 150 años, de sexo femenino, y que se encuentra en una región de Austria, concretamente en el estado de Estiria. Se trata de un ser apático por naturaleza, como todos los vampiros. Se alimenta de la vida (sangre) de sus víctimas, como hacen todos los vampiros. Pero en algunas ocasiones salen de esa apatía, y ante determinadas presas, en esa fascinación que la futura víctima les ha despertado, disfrutan estirando en el tiempo ese proceso por el que se le va dando muerte. Quieren eternizar la chupada final. En estos casos, cuenta el experto, que el vampiro “economizará y demorará su disfrute asesino con el refinamiento de un epicúreo y lo acrecenterá mediante las aproximaciones graduales de un galante ingenioso”. El título del libro, es el nombre de este vampiro mujer, Carmilla, que en otros tiempos fue Mircalla o Millarca ...















